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2007-09-26

Mente Animal: ¿Similar a la Humana?


El siguiente artículo constituye un importante apoyo para los defensores de los derechos de los animales, ya que estudios científicos demuestran que la mente animal y la mente humana tendrían una similaridad mucho más profunda (en todos los sentidos) que la que se creía hasta ahora.
Esto también daría la razón a los vegetarianos por razones morales, y a los filósofos yoguis y budistas, que siempre sostuvieron que matar animales es un crimen, y que su sensibilidad no es tan diferente de la nuestra.


Conciencia al Natural:
El tronco cerebral puede orquestar las bases de la conciencia


Por Bruce Bower

En Octubre de 2004, el neurocientífico Bjorn Merker empacó su videocámara y se unió a cinco familias para pasar una semana juntos en Florida, que incluyó muchas visitas al jardín infantil de las delicias conocido como Disney World. Para Merker, sin embargo, el viaje no era de vacaciones. Con el permiso de los padres, fue a observar y documentar la conducta de un niño de cada familia que había nacido con la pérdida del 80% de su cerebro, aproximadamente.

CEREBRO INTERNO
Estudios en animales y observaciones de niños nacidos con la pérdida de la mayor parte de la capa exterior del cerebro, o corteza, sugiere que el tronco cerebral genera una forma fundamental de pensamiento consciente. Aquí, el corte de un cerebro humano normal muestra la corteza plegada sobre el tronco cerebral (en el cuadro)


W. Krutein / Photovault.com

Estos niños, de 1 a 5 años de edad al momento de su aventura en Disney, habían sufrido ataques cerebrales siendo fetos, o habían experimentado otros problemas médicos poco después de su nacimiento, que habían destruido casi toda la capa exterior del cerebro, o corteza. En esta rara condición, llamada hidranencefalia, el fluido cerebroespinal llena los huecos dentro de la cabeza del niño.

Tales chicos mueren a menudo durante el primer año de vida como resultado de apoplejía, parálisis cerebral, anormalidades pulmonares, y una variedad de otras enfermedades físicas. Con medicación apropiada y la instalación de cánulas para drenar fluidos de la caja craneana, sin embargo, algunos individuos viven 20 años o más.

Los neurólogos típicamente ven a la hidranencefalia como una sentencia anatómica de "estado vegetativo" de por vida. Tales niños supuestamente validan una ecuación brutalmente simple: Poca o ninguna corteza es igual a no conciencia de ninguna clase.

En actividades familiares observadas en el Reino Mágico y en todas partes, los niños rápidamente echaron dudas sobre esa presunción estándar. Merker notó que estos niños sin corteza, no verbales, permanecieron alertas la mayor parte del día. Ellos reaccionaron a lo que ocurría alrededor de ellos y expresaron una variedad de emociones. La boca de una niña de 3 años de edad se abrió ampliamente, y su cara brilló con una mezcla de alegría y excitación cuando sus padres colocaron a su hermanito bebé en sus brazos.

Los chicos mostraron buena audición pero visión limitada, un patrón curioso dado que ellos típicamente retienen pequeñas partes de la corteza visual, pero ninguna de la corteza auditiva.

En observaciones en la casa de cada niño, Merker notó que estos chicos reconocían a los familiares adultos, gustaban del entorno familiar, y preferían juguetes específicos, músicas, o programas de video. Aunque sentados con movilidad limitada, algunos niños adoptaron iniciativas de conducta, tales como aprender a activar un juguete moviendo una llave.

En el Febrero de Ciencias de la Conducta y del Cerebro, Merker, un neurocientífico independiente en Segeltorp, Suecia, describió cómo los logros de estos chicos se relacionan con conductas registradas en estudios previos de funcionamiento cerebral humano, y de animales luego de la remoción del córtex. Su análisis generó una propuesta provocativa: La conciencia básica del mundo interno y externo de uno depende del tronco cerebral, el a menudo pasado por alto cilindro de tejido situado entre el cordón espinal y el córtex.

Merker argumenta que el tronco espinal es la base de una forma elemental de pensamiento consciente en niños con hidranencefalia. También contiene estructuras auditivas capaces de preservar la audición en algunos niños sin córtex. En contraste, el daño del nervio óptico en hidranencefalia frecuentemente impide la visión, sin importar lo que el tronco cerebral haga.

La autoconciencia y otras formas "elevadas" de pensamiento pueden requerir de contribuciones corticales. Pero Merker propone que la "conciencia primaria", que él considera como la habilidad de integrar sensaciones del medio ambiente con las metas y sentimientos inmediatos propios en orden de guiar a la conducta, surge del tronco cerebral.

Si él está en lo correcto, virtualmente todos los vertebrados - que comparten un diseño similar del tronco cerebral - pertenecen al club de "conciencia primaria". Además, las definiciones médicas de muerte cerebral como una falta de actividad cortical podrían enfrentar un serio desafío. En último término, los médicos no podrían seguir asumiendo que los individuos con hidranencefalia no necesitan medicación para el dolor o anestesia durante procedimientos médicos invasivos.

"Estar consciente no es necesariamente ser autoconsciente," dice Merker. "El consenso tácito concerniente al córtex cerebral como 'el órgano de la conciencia'... puede ser, de hecho, un serio error."


Drenaje cerebral
Las raíces de la tesis de Merker surgieron hace más de 50 años, en la sala de operaciones de los neurocirujanos canadienses Wilder Penfield y Herbert Jasper. Los cirujanos fueron pioneros en la remoción de largas porciones de córtex como tratamiento para una severa, incontrolable epilepsia. Para identificar y evitar dañar a áreas cerebrales aún en funcionamiento, Penfield y Jasper mantuvieron a sus pacientes despiertos durante la cirugía y administraron solamente anestesia local.

Varias habilidades mentales sufrieron durante y después de las operaciones, dependiendo del sitio y la extensión de la pérdida neuronal. No obstante, los pacientes mantuvieron una corriente continua de pensamiento consciente, según descubrieron Penfield y Jasper.

En el curso de la estimulación eléctrica de varias áreas cerebrales durante la operación, para identificar áreas claves funcionales, ellos notaron que la corriente aplicada en puntos correctos pueden producir todas clases de ataques, excepto una - el así llamado "epilepsia ausente," caracterizado por una súbita pérdida de conciencia durante unos pocos segundos. Sobre la base de lo que ellos conocían del cerebro, los investigadores teorizan que las estructuras dentro y justo arriba del tronco cerebral, típicamente disparan la epilepsia ausente y colaboran con el córtex para regular el pensamiento consciente y actos intencionales.

Experimentos con animales, predominantemente con ratas, han indicado desde entonces que tres partes adyacentes del tronco cerebral comprenden un "simulador neurológico de realidad" que da origen a una forma fundamental de conciencia, asevera Merker.

Junto al tope del cerebro medio, que representa el techo del tronco cerebral, capas de células interpretan el trazado espacial de los alrededores de un animal, en relación a su cuerpo. Justo debajo, un parche de tejido gris influye en las conductas relacionadas con las emociones, tales como la agresión, sexo, maniobras defensivas, y reacciones de dolor.

Más abajo el tronco cerebral hay regiones interconectadas que regulan la dirección de la mirada y organiza las decisiones acerca de lo siguiente a hacer, tales como alcanzar un pedazo de comida o seguir a una pareja potencial.

Juntas, estas estructuras rodean el tejido del tronco cerebral que conecta a las áreas sensorias a través de la corteza.

Merker propone que, en criaturas con tronco cerebral pero poca corteza, el simulador neurológico de realidad produce un mapa de dos dimensiones, similar a una pantalla, del mundo, con formas móviles. Una larga porción cortical sostiene el simulador neuronal de realidad, creando la habilidad de percibir un mundo de tres dimensiones, compuesto de objetos sólidos. La expansión neural también permite a las personas a reflexionar acerca de lo que ellos piensan y sienten.

En apoyo de su teoría, Merker cita estudios realizados en los últimos 40 años, en los cuales ratas y gatos mostraron relativamente pocos problemas de conducta luego de la remoción quirúrgica del córtex, tanto en la infancia como en la adultez. Estos animales privados de córtex utilizaron la visión y el tacto para orientarse en sus alrededores, aprendieron dónde encontrar comida en laberintos, y permanecieron capaces de estar parados, trepar, acicalarse, formar pareja, y cuidar de sus crías.

Merker también cita un fenómeno inusual conocido como “efecto Sprague”. La completa remoción de la corteza visual en un lado del cerebro, incapacita a los animales a ver nada en la mitad del campo visual opuesto al sitio de la cirugía. Pero un pequeño corte en el cerebro medio restaura la habilidad del animal para detectar y aproximarse a entidades móviles, aún si no pueden distinguir un objeto de otro.

El efecto Sprague subraya la influencia visual del tronco cerebral, argumenta Merker. La remoción de la corteza visual descarrila la actividad del tronco cerebral, vía numerosos eslabones neurológicos, hacia las células espaciales del cerebro medio, que súbitamente carecen de estímulos significativos. Un corte bien colocado en el cerebro medio detiene la actividad de algunas de esas conexiones caprichosas, permitiendo un retorno parcial de la visión, según su punto de vista.

Cualquier entidad equivalente a un simulador neuronal de realidad, "si estuviera en un medio neuronal o eventualmente en silicio," podría experimentar conciencia, teoriza Merker.


División Cortical
De 27 comentarios realizados por investigadores de la mente y el cerebro, publicados con el artículo de Merker, casi la mitad concuerdan que las funciones interiores de la conciencia residen en el tronco cerebral.

"Las raíces de la conciencia existen en los territorios antiguos neurológicos que compartimos con todos los vertebrados," dice el neurocientífico Jaak Panksepp de la Universidad del Estado de Washington, en Pullman. "Por el peso de la evidencia empírica, todos los mamíferos son seres sentientes."

En su propia investigación, Panksepp estudia la habilidad de los animales de experimentar estados mentales o sentimientos basados biológicamente, que van desde el hambre y la sed hasta el placer o aflicción emocionales. Por ejemplo, Panksepp y un colaborador reportaron en una controversial presentación en 2003 que las ratas expresan "alegría" mientras juegan con otras ratas, utilizando sonidos ultrasónicos que representan una forma ancestral de risa.

El psicólogo Caroll Izard de la Universidad de Delaware en Newark, enfatiza que esta forma de conciencia primaria, como Merker lo llamaría, o "efecto primario" como Panksepp determina a la conciencia de las ratas, consiste de actividad sensoria en el tronco cerebral. Esta capacidad genera emociones y conciencia de los alrededores, pero no la habilidad de hablar sobre lo que uno ha experimentado, continúa Izard. De la misma manera, las personas pueden llegar a ser concientes de un sentimiento que ellos no pueden etiquetar o describir, un fenómeno que es especialmente común en los infantes saludables y en niños que carecen de córtex, dice Izard.

La existencia de una conciencia primaria desafía a las presunciones ampliamente difundidas entre los médicos de que los recién nacidos y fetos no pueden sentir dolor, añade el neurólogo pediátrico K.J.S. Anand, de la Universidad de Arkansas para las Ciencias Médicas, en Little Rock. La evidencia sugiere actualmente que los cerebros maduros e inmaduros utilizan diferentes sistemas para procesar el dolor, dice Anand.

El tronco cerebral y el tálamo, una estación de relevo para las sensaciones justo arriba del tronco cerebral, recogen las respuestas de dolor en los bebés antes y después del nacimiento, asevera. El córtex se encarga de la percepción del dolor a medida que se expande grandemente durante la niñez y la adolescencia, hipotiza Anand.

Otros investigadores critican a Merker por negar a la corteza su posición tradicional como el ingenio cerebral de la conciencia. Aún si existe una forma básica de conciencia, ellos lo consideran al menos como un producto parcial de la corteza, no al tronco cerebral, tal como sostiene Merker.

El pensamiento conciente probablemente se sostiene en el funcionamiento de áreas cerebrales conectadas dentro y afuera del córtex, argumentan Susanne Watkins y Geraint Rees, neurocientíficos en la University College London. "Parece improbable que una actividad en cualquier lugar específico del cerebro humano sea suficiente para la conciencia," escriben.

Los niños con hidranencefalia estudiados por Merker poseen remanentes de tejido cortical que podrían haber producido estados de conciencia, sugieren los investigadores.

Otros comentarios, incluyendo los del filósofo Gualtiero Piccinini de la Universidad de Missouri, en St. Louis, citan evidencia anterior de que el córtex en sí mismo regula la conciencia visual. Siguiendo a un daño en la corteza visual, ciertos pacientes reportan ausencia de habilidad conciente para ver en un lado de su campo visual, pero aún perciben inconscientemente la identidad y la localización de objetos en el mismo campo visual. Los científicos llaman a este fenómeno "visión ciega."

El paciente con visión ciega más extensivamente estudiado ha sido frecuentemente reportado como siendo conciente de "algo" en su campo visual ciego, anota Merker. Este hombre retiene una conciencia visual primaria de sus alrededores, pero no puede describir qué es lo que ve en palabras, argumenta el investigador sueco.


Niños reclamados
En un reporte de 1999, D. Alan Shewmon, un neurólogo pediatra de la Universidad de California, Los Angeles Medical Center, y sus colegas, describieron observaciones caseras de tres niños, de edades entre 6 a 17, que habían nacido con hidranencefalia y fueron criados por afectivos y atentos padres Cada niño mostró signos comparables a una actividad mental conciente, reportaron los investigadores.

Por ejemplo, poco después de nacer, el escaneo cerebral de una niña recién nacida reveló una falta casi total de tejido cortical. Los médicos le dijeron a la madre que la niña no viviría más de 2 años como un "vegetal." Un neurólogo concluyó que el cerebro de la niña era "como el de un reptil" y que ella nunca podría interactuar con otras personas.

Shewmon visitó por primera vez a la niña a la edad de 5 años, observando su comportamiento en la casa. A pesar de la dificultad en sentarse o caminar sin ayuda, ella exhibió una excelente salud. Ella sonrió en respuesta a los saludos amistosos de Shewmon, e inmediatamente miró a los objetos que llevaron cerca de ella. En una sesión grabada en video con su madre, la niña exclamó "ah-ah" cuando fue animada a decir "mamá."

Ella se alegró al escuchar músicas alegres, pero a menudo lloraba con las músicas tristes. Gozó con la estimulación sensoria de la conducción de autitos, gritando en las detenciones y calmándose cuando el movimiento continuaba. No le gustaban los ruidos fuertes de las aspiradoras y secadores de pelo. Demostró comprender unas pocas palabras, incluyendo "Conejo Bunny" para uno de sus juguetes.

"Si estos niños hubieran sido mantenidos en instituciones o tratados como "vegetales," habría poca duda que ellos se hubieran vuelto exactamente como se predijo," dijo Shewmon.

Luego de hacer sus propias observaciones de niños con hidranencefalia y sus familias, Merker complementó ese punto. Notó que los niños bien tratados nacidos con poco o ningún córtex, regularmente mostraban breves pérdidas de conciencia debido a la epilepsia ausente, un signo claro de que en otros momentos ellos están concientes.

Los padres describieron a Merker esos lapsos de conciencia en sus niños con frases tales como: "ella está hablando con los ángeles."

Más intrigantemente, quizás, los niños con hidranencefalia demostraron que el tronco cerebral no es simplemente una reliquia reptil atesorada en la base del cerebro. "El tronco cerebral humano es específicamente humano," dice Merker. "Estos niños sonríen y ríen de un modo específicamente humano, que es diferente de nuestros parientes cercanos entre los monos."

Por ahora, el rompecabezas de la conciencia permanece irresuelto. Pero los investigadores corticalmente dotados pueden tener mucho que aprender de los chicos privados de corteza.


Fuente: sciencenews.org

2006-08-17

La evolucion del cerebro humano es un milagro de velocidad biologica


Una de las proposiciones más revolucionarias que sostenemos es que nuestra evolución biológica ha sido "planeada", o "guiada" por otras inteligencias. Esta posición es claramente diferente, sin embargo, del creacionismo, ya que acepta totalmente la evolución biológica tal como es planteada por los científicos, pero afirma que muchas cosas de esta evolución sólo pueden explicarse a través de la intervención de otras fuerzas, es decir, no hubieran podido suceder solamente por medio de la mutación aleatoria.

Nuestra posición predice que se descubrirán muchas cosas como la que sigue; es decir, muestras de que la evolución de la vida, en general, y del ser humano, en particular, es demasiado "exquisita" en detalles como para ser explicado solamente por los devenires de componentes bioquímicos.

Revelado: el gen que nos da cerebros más grandes

Los científicos están un paso más cerca de entender a uno de los momentos claves en la evolución del hombre, cuando el cerebro humano sufrió un dramático aumento de tamaño.

Nuestro cerebro es tres veces más grande que el de nuestro pariente más cercano - el chimpancé - y aún así, el cómo sucedió esta transformación es uno de los mayores misterios en la evolución humana.

Un cerebro grande es la esencia física de la humanidad. El posibilita el lenguaje, la conciencia y la cultura, y aún así, los científicos sólo pueden especular cómo evolucionó hasta ser más grande que el cerebro de nuestros ancestros simiescos.

Una comparación del genoma humano con el del chimpancé - entre otros muchos animales - ha revelado ahora la existencia de una región clave del ADN del hombre que parece tener un importante rol en el crecimiento del cerebro humano.

Muchos diferentes animales poseen la misma región del ADN, pero es solamente en los humanos que ha sufrido un rápido y dramático cambio evolucionario.

La diferencia entre las gallinas y los chimpancés - que están separados por 310 millones de años de evolución - es tan sólo de dos mutaciones sobre una secuencia total de ADN de 118 "letras" del código genético. Pero la diferencia entre los chimpancés y los humanos - separados por 6 millones de años - es de 18 mutaciones en la misma región del ADN.

La profesora Katherine Pollard de la Universidad de California, Davis, dijo que esta región del genoma humano ha cambiado más que ninguna otra desde que los humanos divergieron del resto de los monos.

"Está evolucionando increíblemente rápido. Es realmente un caso extremo," dijo la profesora Pollard. "Encontramos 18 diferencias entre los chimpancés y los humanos, lo cual es una increíble cantidad de cambio para haber sucedido en unos pocos millones de años."

El gen, llamando Región Acelerada Humana 1 (HAR1), es uno de los 49 que los científicos han identificado como de mayor cambio desde que los humanos divergieron de nuestros antepasados parecidos a los chimpancés.

"Algunas regiones del ADN apenas han cambiado a través de muchos millones de años en la mayoría de las especies. Mi giro fue mirar en los grupos de estas regiones que han cambiado solo en los humanos," dijo la profesora Pollard.

Estudios subsiguientes demostraron que la región es más activa durante el período crucial de la gestación en el útero, cuando el cerebro humano forma la corteza exterior, esta región cerebral es responsable de actividades "superiores" tales como el lenguaje y la conciencia.

El profesorDavid Haussler, de la Universidad de California, Santa Cruz, dijo que la función precisa del gen no es aún conocida, pero puede haber sido responsable de la expansión del cerebro durante la evolución humana.

El profesor Haussler dijo: "A este punto nosotros solo podemos especular acerca del papel de este gen en la evolución del cerebro humano, pero es excitante encontrar un nuevo gen involucrado en el desarrollo cerebral."

"La evidencia es muy sugestiva en cuanto a que este gen es importante en el desarrollo de la corteza cerebral, y eso es excitante porque la corteza cerebral es tres veces más grande que el de nuestros predecesores," dijo.

"Algo causó que nuestros cerebros evolucionaran para ser mucho más grandes y que tengan más funciones que el cerebro de otros mamíferos."

La región funciona en forma diferente a los genes ordinarios en cuanto a que no parece que "codifique" para una proteína sino que produce una molécula corta de substanca parecida al ADN, llamado ARN.

El estudio, publicado en la revista Nature, muestra que la molécula de ARN formado del ADN humano era sustancialmente diferente en estructura al ARN hecho del ADN del chimpancé.


Cómo nos diferenciamos de nuestro primo, el chimpancé

Los científicos creen que una parte del ADN ligado al habla y al pensamiento sufrió un gran salto adelante

Los científicos creen haber encontrado una pequeña porción de ADN que nos separa de los chimpancés.

La investigación actual sostiene que los humanos y chimpancés se dividieron en el árbol evolutivo hace cerca de 7 millones de años. Al identificar una sección del ADN que ha cambiado más de 70 veces mas rápido que el resto del genoma humano, los investigadores han descubierto cómo, aunque no por qué, sobrevino esa división.

"La sugerencia es que esta región del DNA es crucial para el desarrolo de cerebros humanos excepcionales," dijo David Haussler, un biólogo molecular de la Universidad de California, en Santa Cruz, y el coautor de un estudio reportado en la revista Nature.

El descubrimiento del gen, o genes, que apuntalan la disparada del cerebro de los humanos, comparado con todas las demás especies, es uno de los santos griales de la moderna biología.

"No es que el problema esté resuelto," dijo Richard Gibbs, director del Baylor College of Medicine's Human Genome Sequencing Center "pero es un buen trabajo. Y es persuasivo para mí que hayan descubierto una significativa diferencia en los genomas.

"Pero es desconocido cuántas diferencias significativas tiene que haberse sumado para hacernos diferentes de los chimpancés."

Los humanos y los chimpancés comparten cerca del 98.5% del mismo ADN.

Como parte del proceso reproductivo humano, el ADN masculino y femenino se mezclaron, con las huellas de los genes heredados en ambos. A veces, como parte de este proceso, una letra del ADN, aquí y allá, se cambiaron, o mutaron.

Algunas mutaciones tuvieron a menudo consecuencias negativas, y como parte del llamado "selección negativa," son eventualmente barridos del pool genético. Algunas mutaciones genéticas con consecuencias negativas sobreviven, por supuesto, tales como el gen responsable de la fibrosis cística. Pero la mayoría son eliminados.

50 regiones identificadas

Buscando qué es lo que hace a los humanos ser humanos, el equipo de Haussler decidió que su mejor apuesta era identificar las regiones del genoma - el programa de vida de un organismo - que se haya desarrollado más rápidamente desde que los chimpancés y humanos divergieron.

En las cerca de 50 regiones que identificaron, una que había cambiado un montón se destacó.

Más intrigante aún, esa particular sección del ADN está en un gen que juega un papel en el desarrollo de la región del cerebro identificado con un nivel superior del pensamiento y el habla.

El estudio es uno de los primeros en explotar la búsqueda de datos acumulados como parte del Proyecto Genoma Humano y otros esfuerzos posteriores. Desde que un borrador del genoma humano fue completado hace cinco años, los genetistas se han apurado en completar las secuencias de otros animales.

Para el nuevo estudio, el equipo de Haussler comparó el genoma de 3 mil millones de letras de ADN de los humanos con el de los chimpancés, ratones y ratas.

Buscando en los cuatro genomas, el equipo observó en las regiones del ADN de cerca de 100 letras de largo que habían hecho los mayores saltos. Uno, descubrieron, había cambiado cerca del doble más que cualquier otra región, con 18 letras de ADN de diferencia entre humanos y chimpancés. Un trecho similar de ADN de las gallinas, descubrieron, tenía sólo dos letras de diferencia con el ADN del chimpancé.

"Esto demuestra que esta región del ADN ha estado estable durante un largo tiempo, cientos de millones de años," dijo Haussler.

La siguiente cuestión fué determinar la función de esta particular región del ADN, que ha sido encontrado en un gen llamado "HAR1". El gen produce una molécula de ARN que ayuda en la formación del neocórtex cerebral entre la séptima y la 19ª semanas del desarrollo de un embrión en un feto.

Esta parte del cerebro se piensa que es crítica para los niveles superiores del pensamiento, incluyendo el desarrollo del habla.

En gran parte debido a este desarrollo acelerado del córtex cerebral, el cerebro humano ha crecido tres veces más en tamaño que el del chimpancé en solamente 7 millones de años.

Es tentador, por lo tanto, sugerir que la pequeña porción del genoma humano que ha evolucionado más rápidamente desde entonces pueda representar la chispa que condujo al ser humano moderno.

Genes y habla

Aún así, algunos científicos dicen que debería haber tomado más que este puñado de genes pivotales para disparar el desarrollo de los humanos. Hace unos pocos años, los científicos identificaron a un gen llamado FOXP2, que parece haber evolucionado rápidamente en los humanos hace unos 200.000 años, y que es importante para el habla humana.

"Es difícil para mí imaginar que dos o tres cambios mayores genéticos hayan producido las diferencias que vemos entre humanos y chimpancés," dijo Jeff Rogers, un genetista del Southwest National Primate Research Center en San Antonio

Como otros científicos, Rogers se impresionó por la escala de la evolución del gen HAR1 cuando las posibilidades se acumulaban aparentemente en contra.

"Un cambio como el que ellos encontraron" dijo Rogers. "Está muy, muy apartado en la curva de probabilidades."

El sorprendente descubrimiento probablemente no influya en aquellos que disputan la idea de que los humanos y los monos tienen un ancestro común. Las encuestas muestran regularmente que el 40 % de los americanos no aceptan la teoría de la evolución.

"Los autores apuntan que los cambios evolucionarios en cuestión sucedieron rápidamente, y ellos pueden, aparentemente, documentar algunos de los cambios necesarios," dijo el matemático y filósofo William Dembski, un ex miembro de la facultad en la Universidad Baylor y un abogado del diseño inteligente.

"Pero eso no parece explicar qué causó los cambios y cómo fueron coordinados para hacer nuestros cerebros mas complejos y desarrollados.


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